No se si alguien habra leido esa partecita chiquitita que habla sobre mi (bue', "habla", porque tampoco puse demasiado, ¿vio? =P), si nadie la leyo no importa, la cosa aca es que me encanta escribir.
Me encantan las palabras, poder transmitir algo o solamente contar las locuras que salen de mi cabeza y pasar el rato. Si a alguien le gusta mucho mejor =D, pocas cosas se sienten tan bien como saber que lo que haces le gusta a alguien mas ^^
Fue complicado decir en mi casa que quiero estudiar Letras. Todos me miraron con cara de "nena, ¿estas enfermita?". Pocas veces me senti tan mal. Saber que lo que mas te gusta hacer en el mundo para las personas que te rodean es un estupidez fue horrible >_<
¿Pero sabes que?, ¡fuck the system, fuck everything!
¡Es lo que me gusta y lo voy a seguir haciendo!
Ojala algun dia pueda ver publicado algo de lo que hago, seria muy hermoso, no cabria en mi de la alegria =D
Asi que para que vayan conociendome un poquito mas les dejo una de las primeras cositas que hice. Uno de mis bebes, un cuento corto muy a lo Poe =P
Espero que les guste ^^. Se aceptan criticas constructivas =)
El Pacto
La daga cayó con un golpe seco sobre el piso de madera de la habitación, la sangre, que aun teñía de rojo la afilada hoja salpicó delicadas gotas sobre él. Aun se encontraba apoyada en sus rodillas sobre la cama, encima mío.
Su angelical rostro se deformaba con la llama de las velas encendidas en la habitación. Sus pupilas casi blancas le daban una expresión vacía a sus ojos. La miré, estiré mis brazos para abrazarla, pero no llegaba... ¿por qué ahora me parecía tan lejana?
Su mirada estaba perdida en algún lugar del mar de mis ojos, como solía decirme; su boca entreabierta se movía en la mueca de una leve sonrisa, se humedeció los labios... esos labios que se convirtieron en mi adicción; sus pequeños y firmes pechos se movían al compás de su respiración... el goteo de la sangre caliente sobre mi pecho me sacó de mis pensamientos.
“Un pacto de sangre...”, me había susurrado al oído, “Claro”, le conteste esa vez, medio entre borracho y drogado, mientras la tiraba sobre el sofá del living y rompía sus ropas, totalmente excitado al sentir su voz, como un ronroneo, en mi oreja... Y ahora me lo vuelve a decir.
–Un pacto de sangre mi vida... me lo prometiste - me dice clavando sus casi inexpresivos ojos en los míos... y yo me quedo sin habla. No puedo articular palabra cuando me mira de esa manera tan... sugestiva y es cuando empiezo a sentir esa ardiente sensación que me quema vivo por dentro y unas desesperadas ganas de hacerle el amor surgen dentro mío.
Apoya los codos al lado de mi cabeza y acerca peligrosamente su cara a la mía. Pero esta demasiado lejos como para besarla y demasiado cerca como para sentirla. Acerca sus labios a los míos, pero no los besa, apenas si alcanza a tocarme con la punta de su nariz la mejilla... pero el suave roce de su piel me hace estremecer.
Ella es perversa, sádica y me gusta. Sabe que sufro sin el contacto de su piel y disfruta haciéndome desearla cada vez más. A veces maldigo el día en que la conocí, pero es ella la fuente de mis placeres, la que cumple mis más mórbidas fantasías... Es mía, no puedo dejarla ir, no después de haber probado su sabor, ella es mi adicción, sin ella no viviría... y pensar que pronto cumplirá solo 17 años.
Ella estira una de sus manos y levanta la daga del piso. Vuelve a apoyarse solamente sobre sus rodillas, toma una de mis manos con la suya libre y empuña el arma con la otra. En una fracción de segundo siento como la hoja corta las capas de mi piel y mis venas y siento como la sangre chorrea por mi brazo. La daga vuelve a golpear el piso con su ruido seco al escurrirse de sus manos. Junta nuestras muñecas y comienza a murmurar algo, como una oración, en palabras incomprensibles, pero suena antiguo, muy antiguo. Cuando termina, pasa sus manos por las heridas de ambos limpiando la sangre.
Ahora me mira, sonríe maliciosamente, parece una gata en celo y no puedo evitar comenzar a acariciarle las piernas, recorrer suavemente sus muslos... Una de mis manos sigue por la suave curva de su cadera, sube hasta sus pechos y los aprieta, los masajea mientras la otra desciende y juega con su sexo, indecisa si entrar o dejar sufrir un poco más a la dueña de tan encantadora mercancía. Ella se muerde los labios, se agacha hasta mi cara, siento sus pezones duros sobre mi pecho y me excito más. Enreda sus delicadas manos en mi pelo, muerde mi boca y su lengua se abre paso entre mis labios para jugar con la mía. Luego baja por mi cuello, por mi pecho, mordiéndome suavemente. Llega hasta mi cintura, siento sus uñas rasguñarme el pecho y luego acariciarme las piernas. Levanta la mirada y sus ojos son rojos.
No, no me importa haber hecho un pacto con el demonio con tal de tenerla para siempre conmigo.
Hola Erica!
Cómo estás? hey, hace un rato lei tu post sobre la casa de ropa Jems! Qué risa! Si tenes, mandame la foto del local! jaja Bueno, despues pasame tu mail asi seguimos en contacto! Un beso grande y seguí escribiendo!